07 Ene

En diciembre, cuando hacemos balance de todo, nos volvemos a dar cuenta por ejemplo, de que el gobierno nacional no se compromete seriamente con la educación, pues termina el 2013 como uno de los peores años para la educación en Colombia. Durante este año se mostró una vez más el fracaso del sistema educativo colombiano. Las pruebas PISA para medir la calidad de la educación a través del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, ubicó a Colombia en el puesto 61 entre 65 países del mundo. Una vergonzoso puesto para un país que sale a decirle al mundo que quiere construir la paz.

Se acaba el año y la ministra María Fernanda Campo sigue empeñada en mostrar avances del gobierno en educación, mientras la Universidad Nacional de Colombia se cae a pedazos por falta de presupuesto, mientras nuestras universidades de provincia carecen de presupuesto para mejorar su calidad, mientras el gobierno anuncia que no hay plata para los 2.4 billones de pesos que se necesitan para resolver los problemas locativos de las universidades y aunque se hable del aumento de la cobertura en 82.000 cupos para las escuelas y de reducir la deserción escolar, lo cierto es que la calidad educativa esta por el suelo.

Absurdamente se sigue dando más prioridad al presupuesto para la guerra que a la educación; una de las herramientas que puede conducirnos con certeza a la consecución de la paz. Nuestras universidades de provincia tienen que aumentar el costo de sus matrículas para poder subsistir, las escuelas de los barrios y colegios como el Loperena se caen a pedazos, mientras los muros de batallones como el de la Popa, se erigen con toda la pompa y el diseño arquitectónico, pues hay más dinero para la guerra, insisto que para darle calidad educativa a nuestros niños y jóvenes.

Cada día los estudiantes aumentan su indiferencia por el estudio, pues han descubierto que no se necesita de grandes esfuerzos para pasar a otro año escolar, lo que a falta de conciencia viene deteriorando la calidad de la educación.

Necesitamos una reforma educativa de fondo, en la que se permita la participación de docentes y estudiantes en su elaboración para proyectar nuestra hoja de ruta hacia un futuro digno en la que los estudiantes tengan en la educación una oportunidad de progreso y no una limosna como argumento falaz del gobierno nacional para decir que se está esforzando por cumplir, pero dichos esfuerzos no ofrecen resultados contundentes.

El 2014 será un año de grandes retos para la educación colombiana, pues los estudiantes de la Mesa nacional tienen una propuesta para la reforma de la educación superior que deberá dialogar con la del gobierno y porque los educadores están dispuestos a salir a las calles a reclamar del gobierno un compromiso serio con la educación del país para que hayan menos sed de odio y venganza y más oportunidades para la paz.

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